martes, 11 de enero de 2011

Por los mil mares y mis ojos de adentro

En el mar, una actuación gratuita para peces, ni aunque aire quede, en mi silueta corre el viento, porque yo camino en tierra firme. Como primer recuadro, como primer instinto. Acabar esa verdad, hundirla conmigo, esparcirla en mi arena que recorre libre el pensamiento. La llave en caja sin cerradura, y un mundo entero consigo. Las aguas son letras que una tras otra te hace arrepentida, pues pueden dar marcha al universo, sin darte si quiera cuenta. Y ese universo, no es más que lo sentido, cuando en la carne te recorre entera. No hay más libertad que en los nervios, y desde los ojos emprende camino, lo que con ganas te supera el miedo, te da calor y sonido. Te moja las manos y te tiembla el suelo... las sábanas, las sábanas ya son parte de ese mismo surco que ha ahuyentado un árido abrigo.
Comenzó este galope, con ojos ajenos, y cultivó paisaje con los pechos foráneos... pero en la última reja, colgaba una nota de lejos, que amputaba un recuerdo de la cabeza. Era el óbito en mi marea, era el óbito, pero de ella.